
KAMAZAD
Surca los cielos por encima de las nubes y lucha en los campos de batalla helados de los titanes: Kamazad!
En tiempos olvidados, durante el reinado de los Antiguos Dioses, Kamazad era una vasta llanura verde, hasta el día en que se convirtió en el campo de batalla de los titanes. Nadie recuerda por qué lucharon ni quién salió victorioso. Cuando el enfrentamiento terminó, sus cuerpos colosales quedaron inmóviles, enterrados bajo eras de hielo y nieve, y con el paso de los milenios sus restos se alzaron para convertirse en las montañas que hoy dominan la tierra.
Kamazad permaneció en silencio y abandonada hasta que las tribus nómadas boreales se aventuraron en la región. Allí, los primeros Chamanes de Roca escucharon los lejanos murmullos de los titanes dormidos y vieron el Tapiz brillar en el cielo con una claridad inquietante. Entonces comprendieron que compartían un vínculo con esta tierra y con los propios titanes.
Con el paso de las generaciones, el pueblo boreal se fundió con las montañas. Expuestos a la magia pura que emanaba de los antiguos cuerpos de los titanes, comenzaron a cambiar: su piel se endureció como la piedra, crecieron formaciones cristalinas en sus rostros y su estatura se volvió alta y poderosa. Los cuerpos titánicos se convirtieron en lugares sagrados de culto, adornados con campanas colgantes, símbolos tallados y ofrendas.
Pero a medida que el mundo se oscurece, innumerables naciones han puesto sus ojos en Kamazad y en sus casi ilimitados recursos mágicos. Y ahora, los Chamanes de Roca escuchan las voces de los titanes con más claridad que nunca: ya no débiles susurros, sino llamadas insistentes que piden ser despertadas. El día en que las propias montañas se alcen se acerca.
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Guía espiritual de las tribus boreanas de Kamazad, el Chamán de Roca defiende a su gente con fuerza y dignidad. Porta un báculo forjado en el corazón de las montañas y, como ellas, es sabio, paciente e inamovible.
Al crecer entre los picos, el chamán aprendió a escuchar lo que otros no podían: el viento en la piedra, las voces de las bestias salvajes y, en lo más profundo, los susurros de los Titanes caídos que le pedían que guiara y protegiera a su pueblo.
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